12 de Noviembre de 2020 | 08:16 pm

Don Bosco nos ha señalado la finalidad formativa de la educación abierta a la trascendencia de sí en el servicio, en el amor a Dios y al prójimo: “formar honrados ciudadanos y buenos cristianos” es una intención que impregna lo que somos y hacemos, no es un simple eslogan para lucirlo en una casaca o en un discurso. La educación no es neutra ni ajena a los avatares históricos en los que se ejerce. Afirmar lo contrario rayaría en la hipocresía epistemológica de las ciencias humanas.

El Rector Mayor en su Aguinaldo 2020 nos afirma evocando a Don Bosco: “Es también el punto en el que la diversidad del enfoque de Don Bosco se hará sentir siempre con mayor fuerza, justamente para ser fieles a su espíritu hoy debemos usar expresiones casi opuestas a las suyas. El “Padre Nuestro” nos pide que enseñemos a los jóvenes, no solo como individuos, sino como grupo, a ser protagonistas del bien común, incluso en el campo explícitamente administrativo y político” – 1 FERNÁNDEZ ARTIME Ángel, Buenos cristianos y honrados ciudadanos. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10) – Aguinaldo 2020, p. 6, Roma, 2020.

Lo acontecido ayer entre nuestras instituciones públicas nos genera un profundo sentimiento de desazón y dolor porque los problemas álgidos de la mayoría de peruanos, como son: la consolidación de la estabilidad laboral, una inteligente revisión de la recaudación de los impuestos para las familias más afectadas por el coronavirus o perjudicadas por el subempleo, el desempleo y la suspensión perfecta; la mejora en la calidad de la atención en salud pública venida a menos; el sinceramiento sobre el fracaso educativo de la escuela pública y una innecesaria satanización de la escuela privada que ha promovido incomprensión de los padres de familia y en no pocos casos la inmoral omisión de pago (exceptuando los casos de insolvencia económica) por un servicio ofrecido en condiciones duras de cambio de paradigmas y metodología didáctica sin pausas ni vacaciones, han pasado a un inmerecido lugar de olvido y omisión con esta crisis política entre el Legislativo y el Ejecutivo, que bien se debía haber resuelto en el justo cumplimiento de los plazos gubernativos ya existentes.

En la imperfección del Estado de Derecho, lo formalmente legal no es necesariamente bueno, moralmente hablando. Aceptar la formalidad de lo legal sin un discernimiento ético y moral de las conductas de los actuantes, nos vuelve cómplices o simples y ajenos espectadores de la vida ciudadana.

NO ACEPTAMOS RESIGNARNOS.

Por eso ESTAMOS DE LUTO E IZAMOS EL PABELLÓN NACIONAL DEL COLEGIO SALESIANO DEL CUSCO A MEDIA ASTA, porque cuando la conciencia moral de un pueblo y de sus representantes se adormece ante la formalidad legislativa sin reprocharle su hipocresía y afiliación a intereses contrarios al bien común de todos los ciudadanos, entonces, se le puede declarar ya la muerte. Muerte cívica y ciudadana a la vez. También nosotros estamos dentro de este luto y no lo aceptamos.

Con la bendición del Señor Jesús y su Madre Auxiliadora.